13 de julio de 2009

No los necesitas pero...

Estás ahí ¿no? Y vas a lo que vas, normalmente a tiro hecho, pero de antemano sabes que aun con una planificación efectuada al milímetro y presupuestada hasta el último euro, saldrás de allí con lo pactado y 17 cosas más que de repente se han convertido en adminículos imprescindibles para la vida del hogar (2 de ellos no sabes ni para qué sirven, aunque eso sí, el diseño es ultracool. Conoces la utilidad de otros 5 pero es probable que los uses 1 vez si llega y luego queden olvidados en un cajón. De los restantes 10, 6 se convertirán en objetos cotidianos y 4 acabarás regalándolos por falta de espacio, pero te has llevado los 17 en un arranque de consumismo sin par).

Sí, estamos hablando de IKEA, señoras y señores. Pero para mí, la peor compulsión de IKEA no son las compras sin planificar. Sin lugar a dudas, mi caballo de batalla en el gigante sueco es el que aparentemente podría juzgarse como un elemento inocente, inofensivo, útil e incluso emocionalmente agradable por sus reminiscencias con el mundo infantil.

¡Los Lapicitos! Los lapicitos de IKEA, señoras y señores, le miran a uno desde todas y cada una de las columnas de todos y cada uno de los pasillos de IKEA. Son GRATIS. Están siempre AHÍ. Y el que va a IKEA y amuebla su casa, al menos tiene que repetir un par de veces o tres, para cambiar algún mueble, para comprar otro, para llevarse aquel marco, para traerse este edredón...

...y cada vez que una va a IKEA mira como le miran los lapicitos desde las columnas. Y es IMPOSIBLE no coger un puñado y meterlo en el bolso.

En estos momentos estoy visualizando el bote donde reposa el producto de mi rapiña. Están todos ahí, en esa estantería, mirándome con ojos acusadores...

2 comentarios:

Chasky dijo...

Pues seguro que las viejunas pillarían kilos de lápices para sus nietos.

eulez dijo...

Lapicitos que luego no sirven para nada y además se pierden cuando los necesitas...