Apreciadísimo Belcebú:
Debes ser el único con malicia y caradura suficientes y demostradas a lo largo de milenios, como para dejar que algún incauto humano a tus órdenes diseñe y patente algo tan aparentemente beneficioso y en realidad maquiavélico como un botón rewind para ser implantado en todas las personas que así lo quisieren. Maravilloso.
No me importan las consecuencias que ello pueda tener en la humanidad; podríamos estudiarlas y reflejarlas en un sesudo informe por el que me pagarían chopocientos trillones de petrodólares árabes. Hoy no toca. Si quieren estudios, que vengan los jeques y aflojen la chequera.
Hoy hubiera deseado tener un botón rewind implantado en mi cuerpo (como muchas otras veces, añado, debido a otras muchas situaciones diferentes), porque he vivido uno de estos Grandes Momentos Yo. Grandes Momentos dignos de ser olvidados sin piedad pero que, ay de mí, quedan grabados en la retina del usuario durante demasiado tiempo. Anota, Satán: la retina pertenece al ojo humano de un "usuario" que nunca soy yo. Por consiguiente, humillación es la palabra más adecuada con la que puedo concluir este párrafo. Observa: humillación.
Figúrate que un buen día, por una vez, decides relajar tu código de las buenas costumbres e impecable educación, y, aún a riesgo de ser sorprendido (pero pensando que ello no ocurrirá), optas por...
...ESTIRARTE A PLACER... Yo sé, oscuro Luzbel, que pese a lo que puedan decir de ti y de tus innumerables triquiñuelas, jamás te permitirías un desliz semejante. Pero recuerda que nosotros somos humanos y tú estás muy por encima de nuestra humilde condición.
...La cosa ha sido más o menos de esta manera. Comienzo a expandir mis extremidades, ahí sentadita en la silla frente a la mesa de mi oficina, sin cortarme ni un pelo; en plan clase de yoga pero a lo bestia, vaya, con ganitas, como si estuviera en mi propia casa.
Notaba los brazos cada vez mejor, como que iban pesándome menos. Pensar en hacerlo con las piernas y pasar a la acción ha sido todo uno.
Después, para acompañar al proceso de relajación (te recuerdo, en medio mismo de mi oficina...), también se me ha ocurrido sacar el pecho (llamémosle prominente) y estirar el cuello a tope. Si llego a ponerme de pie, la posición de la grulla y yo, hermanas gemelas (Señor Miyagi, dar cera, pulir cera...).
En ese estiramiento de cuello, con el esternocleidomastoideo en plena tensión, miro hacia arriba, y es que la situación me lo estaba pidiendo; lamentándolo mucho por tu némesis que se supone nos dió la vida, debo decir que el cuerpo humano tiene ese tipo de defectos de serie... Ahora es cuando tu Némesis va, se acuerda de Darwin, se lo piensa mejor y admite que algo de verdad hay en la teoría de la evolución... Mira mira...
En semejante momento extático me he visto obligada a emitir una especie de ruidillo gutural subhumano, un poco animal, a medio camino entre el orangután y el chimpancé. El único punto positivo ha sido que iba en volumen bajo, supongo que por exigencias de mi sexo (si llego a ser un tío, ¿hubiera lanzado un grito a lo Johnny Weissmuller?).
Debo confesarte, querido Azazel, que no hemos llegado al peor momento de toda esta secuencia de agradables acontecimientos antisociales.
Recapitulamos: Piernas estiradas, brazos al viento (al A/C de la oficina, sí), cuerpo por tanto desencuadernado completamente en la silla, cuello estirado al máximo, grito gutural (volumen bajo, pero se me oía perfectamente a menos de dos metros).
En este mismo instante, desde algún lugar a mis espaldas, aparece POPOV y pasa sin detenerse.
POPOV, que, como bien habrás podido deducir, es “El Elegido” (por mí, no por la humanidad para ser salvada ni nada de eso).
Mi cuerpo escoge la opción "autocongelación de mi propia imagen". El grito gutural también se congela. Mi mente estudia dos opciones: muerte cerebral y lobotomía.
Por eso quería yo incluir un botón rewind en mi anatomía y te lo estaba proponiendo amablemente, Belcebú, con el gran sentido práctico que me caracteriza. Ante momentos así, sólo tendría que pulsarlo, y la escena habría desaparecido de mi vida y de la de todo testigo como por arte de magia. ¿Considerarías esta idea, sabio Azrael?
Porque verás, es que a POPOV hoy sólo le ha faltado:
- Oir cómo me tiro un pedo (nunca lo hago en público, pero un día me pillará. POPOV tiene esa facilidad)
- Ver cómo me saco un moco (lo mismo que con los pedos)
- Contemplarme en algún otro momento antisocial (hay muchos más)
La razón por la cual este individuo sorprendentemente ubicuo ha podido presenciar mis evoluciones es sólo una: cada vez que yo estoy: haciendo el ridículo, teniendo un mal día, acusando un comportamiento indebido, mostrándole al mundo alguna de mis múltiples facetas indeseables, POPOV está SIEMPRE ahí, y aunque no estuviera, ESTÁ. Y si no está, APARECE DE LA NADA como materializándose, como si supiera que yo estoy haciendo o voy a hacer el subnormal en breves momentos.
Cuando soy yo, normal, sin aditivos ni conservantes, cuando estoy manteniendo una agradable conversación con quien sea, cuando ayudo a alguien que me lo ha pedido, cuando cuento hago un chiste original que además es inteligente e ingenioso y la gente se ríe, cuando algún individuo/a me está felicitando por algo que he hecho bien, a POPOV se lo HA TRAGADO LA TIERRA.
Una cosita, Satanás ¿No tendrás tú algo que ver en esto verdad?
P.S.: Si te decides por mi super Boton Rewind, que sea APPLE, son los que mejor saben hacer las cosas (bueno, y además te llevan en el logo, qué más quieres...).
Hace 3 años


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