Tengo un amigo nuevo, se llama Cara Botox. Y es MÁS, mucho más que Cara Poker. Cara Poker ha quedado abandonado en las brumas del pasado, porque en algún momento un ligero cambio de expresión en los ojos, o un movimiento leve de esa diminuta comisura de los labios que dijo algo a su contrario, lo delató. Además, Cara Poker llevaba muchos años on the run. Ya era hora de que descansara el pobre hombre. Para los albores del siglo XXI, embadurnado en toda esa parafernalia postadolescente y ajada de señoras que, aunque no lo saben, ya han pasado hace mucho por los 50, llega mi querido colega Cara Botox. Con una salvedad. Cara Botox jamás se ha inyectado nada en su faz megaprofesional. Su expresión es 100% natural, causada el 100% de las veces por cada una de las situaciones que es obligado a vivir.
Lo mejor de Cara Botox sin embargo, no es el exterior, porque en el exterior, no hay nada que ver (disuélvanse, por favor, aquí fuera no hay nada que ver). Lo mejor de Cara Botox es lo que se vive dentro, en las simas más profundas de su actividad neuronal. Claro, también es cierto, damas y caballeros, que existen propietarios de Caras Botox cuyas actividades internas son un espejo de su Botox exterior: empate a ZERO. Cerebro de Ameba, aquí no hay conexión. Salgan por favor, tenemos mucho eco y los micros se acoplan. Pero mi amigo Cara Botox no es de esos. Mi amigo Cara Botox combina su rostro hierático y sin expresión con una incesante y vertiginosa cadena de pensamientos, no siempre ordenada, constantemente en acción y que mantiene dos componentes comunes llenos de imágenes tan vívidas que a veces parece que van a saltarle de la cabeza al suelo y se van a proyectar en la pared: uno es el cine, otro es o bien los accidentes naturales (volcanes, terremotos, tormentas y galernas, tifones, etc...) o la zoología.
Cuando a Cara Botox le hacen la 13 14 y se la juegan, cosa que últimamente sucede bastante a menudo en su entorno laboral, la mente (oh insondable mente humanoide) evoca también al mundo del comic. Cuando la maniobra 13 14 hace su aparición, lo que Cara Botox ve en su mente es una versión de sí mismo transformado en Hulk. Aulla, destroza, manotea en el aire, revienta cabezas con el puño, rompe cristales, mira con ojos desorbitados a ese gilipollas que ha osado perturbar su paz, y, mientras no cabe en sí de músculos verdes que revientan la camisa y los pantalones y avanza hacia el objeto de su deseo (deseo asesino) para acabar de una vez por todas con él, lo que en realidad estamos viendo es a Cara Botox, con su semblante angelical impoluto diciendo (una vez más) "no te preocupes, no pasa nada...".
Otras veces Cara Botox lleva 5 días ininterrumpidos (REALMENTE ininterrumpidos) escuchando involuntariamente tramos de conversación que quisiera no tener que oir. No hay posibilidad de huida, ni de tapones para las orejas, ni de pedir silencio, ni de acudir a la enseñanza tibetana para concentrarse de tal manera que al final no se oiga nada más que el vacío total. Estos extractos de conversación versan sobre temas poco variados. Algunos son cagadas profesionales absolutas que Cara Botox no va a corregir, otros largas peroratas sobre las más diversas enfermedades (algunas imaginarias, otras reales) que hacen pensar a Cara Botox si es que él nació demasiado sano o los demás demasiado débiles, o si es que son hipocondriacos o si es que se ha confundido y esto es una residencia de ancianos o qué onda. A veces también hablan de zapatos. ¿Cuánto tiempo seguido se puede hablar de un solo par de zapatos? Cuando ha llegado el viernes la imagen mental de Cara Botox es el Vesuvio en sus mejores tiempos, pero no el Vesuvio normal, sino un Vesuvio de dibujos animados. Está tan inflado tan inflado que parece Baco después de una ... claro, una bacanal como su propio nombre indica. Rojo como un tomate, furioso como un toro bravo, y con unas ganas de explotar que no puede más. A su lado las cenizas de Volcano (la película) parecen las que salen después de quemar un papelito. Y así sigue, inflado, rojo, temblando, sin dejar escapar una sola gota de lava hasta que llega la hora, y transmite todo lo que no ha dicho durante 5 días de insulsa conversación, en el acelerador del coche y en el volumen de la radio. La canción que suena es "HIGHWAY TO HELL" de AC/DC, la única de ese grupo que conoce y que le gusta. Y la única adecuada para la ocasión.
Cuando Cara Botox presiente el peligro real siempre recuerda la misma escena: "Todo el mundo fuera del agua!" (de la película TIBURON). Todo el mundo, efectivamente, está nadando en una playa, y derrepente corren confundidos hacia la orilla mientras un pedazo de tiburón intenta atraparlos entre sus gigantes fauces. Pero Cara Botox pese al peligro, no cambia la cara. Ni corre. Más bien se está descojonando por dentro, porque el peligro del que hablamos no es nunca tan terrible como un tiburón aunque a veces lo parezca.
La mayor parte del tiempo, mi amigo Cara Botox sabe reirse de lo que le pasa, porque realmente la mayor parte de las cosas que le pasan rayan en el absurdo. Y aunque no lo hagan, él consigue que sea así gracias a las imágenes mentales que sabe crear en un solo instante. Y ríe, al menos por dentro, sí que ríe. De vez en cuando se le escapa alguna palabrita malsonante, pero casi siempre es por dentro. Cuando por fuera dice "no pasa nada" por dentro la mayor parte del tiempo lo que está diciendo es "me cagon Satán...".


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