16 de febrero de 2009

Cuántos papelitos

San Belcebú, te pregunto bajando mi mirada a los infiernos, ¿cuántos papelitos ruidosos de esos que envuelven caramelos, bollería industrial, muñequitos de máquina para niños o preservativos de último momento, pueden desenvolverse, arrugarse, y tirarse a la papelera en un solo día? Afino la pregunta: ¿Cuántos jodidos papelitos pueden utilizarse en una sola jornada de trabajo?

Te voy a dar pistas, sí, te las voy a dar, por si en algún momento de tu atareada existencia, adorado Leviatán, quisieras tomar medidas. Me he molestado, y por ti lo haría más veces, en cronometrar al abyecto ser que convive conmigo cada jornada a menos de un metro. El mencionado ente hace un uso digamos, fuera de lo normal, de los elementos (sean los que sean, prefiero no mirar) que van envueltos en semejantes papelitos. Entiéndase por fuera de lo normal, excesivo. Mis estadísticas de cronometraje han dado como resultado que desenvuelve un elemento como mínimo cada 5 minutos, como máximo cada 20.

El "crinch crinch crinch" (onomatopeya del ruido que emite el papelito mientras este ente subhumano lo arruga con exasperante lentitud), llega a mis oídos puntualmente, altera mi ying, mi yang, mi Zen y la alineación de mis planetas. No puedo mirar, porque si miro, tendría que arrancarle la cabeza, por robarme el equilibrio cada 10 minutos, con sus caramelitos, o lo que sea que contengan los dichosos papelitos sonoros, cuyos envoltorios me servirían para... godammit... se me ocurren tantas cosas malvadas que asustarían a mi público lector...

Y no sólo hay papelitos, o plastiquitos, o lo que sean. Resulta curioso que, sin tener apenas trabajo que hacer, se dedique a romper folios continuamente (más ruido), o a tapar y destapar rotuladores diversos cuando nuestras funciones supuestamente se desarrollan al 99% sobre el ordenador ("clap clap" hacen las tapas de los rotuladores, "ris ras" hacen los papeles, múltiples papeles, al romperse).

Resulta que no tenemos una colega de trabajo sino un hombre orquesta que toca los singles de 45 rpm a 33 rpm. Todos los singles, no sólo los que llevan papelitos. La vida en la tierra transcurre a una velocidad determinada, el universo discurre en un equilibrio dado, y nuestro hombre orquesta se mueve... detrás, siempre detrás. Es un viajero en el tiempo con permanente jetlag. Vive ayer, y cuando llega mañana estamos todavía en diciembre aunque vaya mediando febrero.

Hay entornos laborales en los que humanidades como esta causarían la muerte segura. El servicio de avisos del 112, un cuerpo de enfermeras de cualquier hospital, una centralita de cualquier embajada del mundo, hasta desde una simple empresa de mensajería podría causar la muerte con su inoperancía total y su inevitable lentitud, y sus jodidos papelitos.

Jamás sería capaz de reaccionar ante un aviso urgente en el 112, para empezar nunca ubicaría el lugar, cuanto menos la urgencia. Como enfermera, habría confundido cualquier frasco o bolsa de cualquier compuesto químico con cualquier otro, lo cual derivaría en negligencia + expendiente. Como recepcionista en la centralita de cualquier embajada, causaría un conflicto de dimensiones internacionales incluso entre países tradicionalmente pacífícos como Suiza y Alaska, tan solo tocando 3 veces con sus dactilares en los botones de transferencia de llamada. Como empleada en empresa de mensajería, enviaría un camión de tutús a una empresa valenciana de serrería y 4 motosierras nuevecitas al ballet nacional. Imagínense el cuadro. O lo que es peor, un receptáculo de Antrax perfectamente precintado a un colegio de secundaria de Murcia, y 400 libros de Matemáticas a unos laboratorios clandestinos en Ciudad Real. ¿No les decía? ¿Cuántos muertos van?

Bien mirado, para la raza humana es una suerte que el hombre orquesta haya ido a dar con sus huesos y sus papelitos a menos de un metro de mí. Por otra parte, me pregunto por qué, si el mundo es tan grande como dicen, de todas las posibles combinaciones, de todos los posibles lugares, de todas las opciones que había, por qué, inseparable e impredecible Satanás, me han tenido que tocar los plastiquitos a mí.

Podríamos decir que mi paciencia está salvando vidas, podríamos decirlo, sí. De haberla perdido, la paciencia, este comic de ser humano estaría arrastrándose por los rincones buscando otro lugar donde acabar con la psiquis de sus congéneres, o donde asesinar sin ser consciente, a gente inocente.

Así que vamos a pensar que soy una heroína. Sí. Pensémoslo. Y cada vez que vuelva a retorcer un plastiquito, o papelito, o su puta madre, entre sus dedos regordetes, me diré: "papelito que retuerces, y hostión que te ahorro, una persona menos en el mundo que muere gracias a mi".

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