4 de mayo de 2009

Estoy contenta, aunque...

Sí, estoy muy contenta. Por un lado he decidido crear LOST SHOTS! para cuando me apetezca volver a la realidad y enfadarme con ella o con sus responsables, y así dejar BALAZOS EN EL DESIERTO para seguirme evadiendo, o volver a intentarlo a través del humor.

Por otro lado, he redescubierto a FORGES de manera involuntaria, lo cual ha sido todo un placer, porque ahí dentro hay mucho que ver para el que disfrute con su agudo y finísimo sentido del humor.

Sólo hay una pequeña sombra que... enturbia mis horas en estos días. Desde este momento concreto, que vino secundado por este otro momento, los... cómo expresarlo, momentos de mierda no han dejado de perseguirme. Si no se impregnan ustedes de los dos instantes anteriormente mencionados, no van a acabar de pillar la cuestión o dilema en que me encuentro.

Imprégnense, imprégnense.

¿Sí? Bien, sigamos. Desde ese instante, como decía, los momentos de mierda no han dejado de perseguirme, y no es que mi vida haya ido a peor, es que la mismísima caca me viene detrás, vaya donde vaya. Hasta en los momentos en los que no hay ninguna relación, yo misma me autoayudo para que la haya, como al final de mismamente de aquí.

Incluso he ido a Wikipedia a ver si los Doctores Heaton y Lewis (¿Cómo que quiénes son esos?... favor de impregnarse como hemos dicho antes...imprégnense en mis dos primeros links) estaban muertos y maldiciéndome desde el más allá por haberme burlado de ellos en mis posts. Podrían con algún poder sobrenatural hacer que cualquier deposición o escrito sobre la misma cayera
directamente hacia mi persona. Podrían. Si hay alguien en el universo conocido que controla semejante elemento, son ellos.

Cuando creía que todo estaba controlado (ya no abría la página de un periódico y me encontraba con noticias escatológicas, lo mismo que me ocurría cuando experimentaba nuevos blogs), me veo aquejada por un espantoso ataque (no puedo calificarlo de otra forma) de gases que me ha mantenido 3 semanas, 21 días con sus noches, contemplando una barriga que más que barriga parecía una pelota de playa de Nivea de las de toda la vida, un zeppelín, un globo aerostático.

Sí, lo parecía, pero no lo era. Porque al tratar de insertar el dedo en el zeppelín, una notaba que estaba tocando acero puro, titanio del bueno. Ahí no había quien metiera un dedo, ni quien sacara NADA. Ni siquiera aire, ni un solo centímetro cúbico de aire. Combinar unas pildoritas de nombre extremadamente irónico (Imonogas), con kiwis, infusiones de anis y atléticos paseos para "remover los gases" (en palabras del farmacéutico), conseguían un efecto tan locuaz como este: "pfuit" (sí. Esto es un pedo muy ridículo, ya lo sé) mientras me retorcía cual gusano por toda la casa (porque encima duele, duele un horror).

Ahora, todo en orden, organismo de nuevo funcionando cual reloj, creo que las cosas de la caca ya no van a volver a mi vida, salto a dos blogs distintos que no tienen nada que ver entre sí, y me encuentro sucesivamente esto


y a CHASKY describiendo un viaje en metro que merece la pena leer.

Me pregunto: ¿soy yo la que persigo a la mierda? ¿Es la mierda la que me persigue a mí? ¿Cuál será la siguiente?

Afirmo aliviada: Es una suerte que Godzilla o King Kong no existan. De lo contrario tendría enormes posibilidades de que se cagaran justo justo encima de mi casa, lo cual sería tan inconveniente como asqueroso.

2 comentarios:

Chasky dijo...

Si es que aunque a algunos no les guste reconocerlo, la caca, mierda, truños o zurullos son parte de nuestra vida, al igual que los pedacos y los eructos.

Si no hiciéramos ninguna de estas cosas no duraríamos ni tres asaltos en esta vida.

Bala Perdida dijo...

;-) qué mono. Debes ser el único que me visita, aunque sea para decir zurullo, ja ja ja ja ja!!!